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Jacinto de la Cruz
En el nombre sea de Dios,
yo les pido por Jesús,
que me canten la tragedia
de Jacinto de la Cruz.
Jacinto iba por el tiro
con sus carretas de leña;
lo agarraron prisionero
en el arroyo de la Carleña.
Jacinto estaba almorzando
cuando llegó la Acordada.
Le dice el juez de Acordada:
—Jacinto, vamos cambiando.
Jacinto de la Cruz decía:
—Sea por el amor de Dios;
yo mi vida no la cambio
ni por una ni por dos.
Ya agarraron a Jacinto,
ya lo llevan pa' la sierra,
que entregara a Martín López,
que se encontraba en las cuevas.
Jacinto de la Cruz decía:
—Para de una vez,
llévenme pa' despedirme
de la Hacienda de Avilez.
Lo llevaron a Avilez,
le dicen: —Ahí está Martín.
Jacinto de la Cruz decía:
—Hasta aquí me llegó el fin.
Lo sacaron de Avilez,
lo llevan a Picardías.
Jacinto de la Cruz decía:
—Estas son desdichas mías.
Lo sacan de Picardías
para llevarlo a La Flor.
Jacinto de la Cruz decía:
—Denme un tiro mejor.
Jacinto de la Cruz decía:
—Juan Pinto, hazme un gran favor:
de no presentarme vivo
allá con don Amador.
El comandante le dice:
—Atiende lo que te digo:
ya te voy a fusilar
pasando el arroyo del Trigo.
Rancho de Sombreretillo,
Jimulco y la Trinidad,
que era donde me paseaba,
en La Flor, en realidad.
Flor de mayo en opulencia,
te llevo en el corazón;
¡ah!, qué tristes son las horas
que da el tren en la Estación.