Acervo Cardenche · Coahuila y Durango · Comarca Lagunera, México

El canto cardenche

El canto cardenche es una polifonía campesina a capela, cantada a tres voces y sin un solo instrumento, nacida entre los peones de las haciendas algodoneras de la Comarca Lagunera, en Coahuila y Durango. Se canta muy despacio, con silencios que parten el verso a mitad de palabra. Lleva el nombre de una espina del desierto que entra fácil y desgarra al salir, como el amor del que hablan sus letras. Hoy está en peligro de desaparecer: de las 126 piezas profanas inventariadas, poco menos de la mitad conserva su música.

Qué es este sitio

Acervo Cardenche es el archivo sonoro y el centro de documentación de esta tradición. Su trabajo es el resguardo: reunir en un solo lugar y abierto a cualquiera el repertorio completo —las grabaciones y las letras—, junto con el contexto histórico y la investigación que lo explica. No busca promover el canto: busca que no se pierda.

Toda grabación conocida del repertorio profano está publicada aquí. Cada dato de este sitio indica su fuente, y ninguna afirmación sobre el origen se apoya en un solo autor.

Al pie de un árbol mi alma se encuentra triste y aluminada con la luz de la mañana.

«Al pie de un árbol» (o «La garza morena») · grabada en Sapioríz por Irene Vázquez Valle, INAH, 1977. Los huecos son silencios: en el cardenche el silencio parte el verso a mitad de palabra.

3voces sin ningún instrumento: arrastre, fundamental y contralta
c. 1875–1930periodo de auge que señalan las fuentes, en las haciendas algodoneras
1977primera grabación de campo del INAH en Sapioríz, Durango
4cardencheros sostenían el canto en Sapioríz al empezar el siglo XXI
01 · Definición

Un canto de amor y de desprecio, a tres voces y sin instrumentos

El canto cardenche es una polifonía vocal de tradición oral del campo lagunero, en el norcentro de México. Se canta a capela, casi siempre a tres voces —hay memoria de agrupaciones de cuatro y hasta cinco—, en un tempo muy lento, con largos melismas y con silencios que interrumpen el verso a capricho de los cantores. No hay guitarra, no hay acompañamiento: la armonía la sostienen los cuerpos de tres hombres, o de tres mujeres, cantando juntos.

La definición que circula desde hace medio siglo procede de las notas del primer disco del INAH (1978): un género polifónico que se canta siempre a tres o cuatro voces distintas y a capela, con las voces repartidas según la tesitura de cada cantor y con nombres propios para cada una. Esa formulación se volvió prototípica y se repite hasta hoy en programas de mano, notas de prensa y fichas institucionales.

El etnomusicólogo Thomas Stanford lo asentó en 1999 en el Diccionario de la música española e hispanoamericana como un canto campesino «a lo divino o a lo humano», practicado por lo menos desde finales del siglo XIX en La Laguna de Durango y Coahuila. Añadía un dato que aún no ha podido comprobarse: que el único otro canto mexicano con esas características sería el de los sacerdotes mayas al poniente de Carrillo Puerto, Quintana Roo.

Pero conviene decirlo con cuidado: «canto cardenche» no es lo mismo que «canción cardenche». Hoy se distingue una cosa de la otra: la primera expresión designa toda una cultura musical de canto a voces —religiosa y profana— y la segunda designa solo un subgénero dentro de ella: las cardenchas, las canciones de amor y de desprecio. Los propios cantores de Sapioríz casi nunca dicen «canción cardenche»: dicen cardenchas.

Esa distinción no es un capricho académico. Explica por qué en el mismo pueblo, con las mismas gargantas, se cantan alabados a un difunto, alabanzas a la Virgen, versos de pastorela, corridos, tragedias y canciones de amor, todos con la misma manera de armar las voces.

«Esto es una joya, que nos dejaron nuestros padres y nuestros abuelos. Es un legado, es una canción que ha venido de generación en generación. Estas canciones fueron de cuando no había instrumentación, no había tocadiscos.»

Don Fidel Elizalde, cardenchero de Sapioríz · entrevista de Minerva Rojas, 10 de febrero de 2006 · Rojas Ruiz, 2008, anexo IV.4
02 · El nombre

La espina que se saca y deja el dolor

El canto lleva el nombre de una cactácea del semidesierto: el cardenche o cardencha (Opuntia imbricata), planta carnosa y espinosa de dos o tres metros, de flores moradas y fruto amarillo, cuyas espinas van envueltas en una vaina apergaminada.

LA VAINA APERGAMINADA OPUNTIA IMBRICATA
Cardenche o cardencha: planta carnosa y espinosa de dos a tres metros, de tallos cilíndricos articulados, flores moradas y fruto amarillo. Crece fuera de los poblados, en el monte, «a la mitad del desierto», como decía don Juan Sánchez.

La espina entra con facilidad —como pequeñas lancetas— pero no quiere salir: la vainita se queda dentro de la carne y, al jalarla, desgarra. Hay que abrir la piel para sacarla, y aun así quedan el dolor agudo y la cicatriz. De esa experiencia física, común a cualquiera que haya caminado el monte lagunero, sale la metáfora del canto.

Hay una coincidencia casi total sobre este punto, cosa rara en todo lo demás: cada cantor lo explica a su manera, pero todos explican lo mismo.

«Es como una espina clavada en el corazón, igual que el amor: aunque se saque queda el dolor.»

Don Francisco Beltrán, cardenchero · cit. en Mendoza, 1991, p. 22 · recogido por Palacios, 2007 y 2024

«Hay canciones muy lastimosas de amor y la espina era del cardenche… se encaja usted una espina y tiene un cuerito, y para estirarla usted se estira el cuero y quedó grabada la espina; y así quedó grabado los versos de amor en la canción.»

Don Juan Sánchez Ponce, voz de arrastre de Sapioríz · entrevista de Héctor Lozano, 1992 · Lozano Chavarría, 2002, p. 19

«El cardenche es un cacto con espinas así; cuando se le entierran a uno son muy dolorosas, pero cuando se las trata de sacar, ¡ahíjuela!, duele más… Así es el amor: una vez que se entierra es más difícil sacarlo… pos olvidar a la mujer.»

Don Antonio Valles · entrevista de Nadia Romero, Sapioríz, 2008 · Romero García, 2009

Los otros nombres del mismo canto

Antes de que se impusiera la palabra «cardenche», el canto tuvo nombres que decían de dónde venía y en qué estado se cantaba. Ninguno es inocente: el que hoy usan las instituciones es, precisamente, el más lírico.

Por el lugar

Canciones de basurero

Por los promontorios de rastrojo, hojarasca y ceniza a las orillas del pueblo, más altos que las casas, desde donde se cantaba después de la labor.

Pero el basurero no era el único sitio. Don Francisco Orona, antiguo ejidatario de La Flor de Jimulco, recordaba que cantaban «sobre la vía del tren, en los bordos de la labor, recargados en el rebote o arriba de los basureros» —el rebote era el frontón del centro del pueblo—. Don José Martínez Cardona, de Picardías, añade «en los barrancos, abajo de cualquier mezquite».

Vázquez Valle, s.f., p. 6; Mendoza, 1991, p. 22; testimonios de Orona y Martínez Cardona en Cardenche, 1991-3, pp. 2-3, cit. en Del Moral González, 2006, p. 142.
Por el lugar

Canciones de cerca

Nombre recogido en la ciudad de Durango. Tiene dos explicaciones documentadas, y conviene dar las dos: el promotor Alfonso Flores lo atribuye a que «los cantadores se iban a cantar a las cercas de los potreros»; Cázares Ugarte lo registra sin esa glosa, simplemente entre los nombres dados por el lugar.

Alfonso Flores en CD DGCP-ICOCULT, 2007, cit. en Romero García, 2015; Cázares Ugarte, 2004, cit. en Palacios, 2024, p. 163.
Por la condición social

Canto orillero

Porque se cantaba en las orillas: lejos de la casa grande del patrón e incluso de los cuartos donde dormían hacinadas las cuadrillas de peones. El nombre «refleja claramente la marginalidad del grupo que lo producía».

De ahí también la insistencia de los cantores en que aquello no era basura de ciudad, sino cañajote: el desecho del propio trabajo.

Rojas Ruiz, 2008, cap. 1; Romero García, 2015, p. 158, que lo lee junto con la tienda de raya y el endeudamiento por alcohol.
Por el momento

Laboreñas

Por cantarse al terminar «la labor» del campo, en jornadas que —según los propios cantores— duraban de sol a sol. Es el nombre que más claramente ata el canto a una forma de trabajo que ya no existe.

Mendoza, 1991, p. 22; Rojas Ruiz, 2008, cap. 1; Vázquez Valle, s.f., p. 7 («todas las tardes y noches, después de la labor»).
Por el estado

Canciones de borrachitos

Porque se cantaban con sotol de por medio —al trago le dicen la pastilla, «para que el pecho se alisara»—, en el descanso y hasta el amanecer. En los basureros había con qué encender una fogata para calentarse por fuera, mientras por dentro lo hacían con traguitos.

Mendoza, 1991, p. 22, cit. en Del Moral González, 2006, p. 142; Palacios Prado, 2024, § 2.6.
Por la forma

Canto a voces

El único nombre que describe lo que el canto es y no dónde o cómo se cantaba: voces solas, sin instrumento. Se ha glosado como «una especie de grito fuerte de los campesinos del semidesierto en el norte de México».

Álvarez, 2002, p. 5, cit. en Palacios Prado, 2024, p. 163; esquema de nombres en Palacios, 2007, cap. 4.
Por el escenario

Canción lagunera · Canto del desierto

Nombres tardíos. Aparecen cuando el canto sale de las rancherías hacia radiodifusoras, discos y foros institucionales. Se dice que «canto del desierto» alude al lugar donde se interpretaba con plena libertad, y que representa la identidad regional.

Lozano, 2000, p. 19, y 2002, p. 19; Palacios Prado, 2024, p. 163 y n. 162.
Lo que dicen ellos

Cardenchas

Ninguno de los nombres anteriores lo usan los cantadores y cantadoras de Sapioríz. Ellas y ellos dicen «cardenchas», y lo dicen más a menudo que «canción cardenche».

Preguntados desde cuándo se llama así, don Juan Sánchez contestó: «sabrá Dios desde cuándo». Don Lupe Salazar completó la explicación de la espina.

Entrevista de Montserrat Palacios con don Juan Sánchez Ponce y don Guadalupe Salazar, Sapioríz, 24 de mayo de 1998. Palacios, 2007, cap. 4.

Que se haya elegido «cardenche» y no «cantos de basurero» para nombrar el patrimonio no es casual: es la señal de una mirada romántica heredada del nacionalismo cultural, necesaria para el éxito social del género en escenarios y discos. Es un argumento crítico —no una descalificación— que conviene tener presente al leer cualquier ficha oficial.

03 · La tierra

La Comarca Lagunera: un desierto que se volvió algodón

El cardenche no se entiende sin la región que lo produjo. La Comarca Lagunera es una cuenca semidesértica a caballo entre Coahuila y Durango, regada por el río Nazas, que a partir de la segunda mitad del siglo XIX se convirtió en el distrito algodonero más importante de México. Ese algodón atrajo a miles de peones de Zacatecas, San Luis Potosí, Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato y Puebla. Cada uno llegó cantando lo suyo.

Los municipios que integran La Laguna son, en Coahuila, Matamoros, Viesca, Francisco I. Madero, San Pedro y Torreón; en Durango, Lerdo, Tlahualilo, Mapimí y Gómez Palacio. Es un territorio de latifundio, tienda de raya y peonaje por deuda. Para 1936, año del reparto agrario, La Laguna producía la mitad del algodón del país y concentraba cerca del once por ciento de todos los terrenos agrícolas de riego de México.

Antes de eso, durante los siglos coloniales, la zona fue todo lo contrario: una región de población nómada, movediza, sometida a guerras de exterminio y a intentos de poblamiento que fracasaban una y otra vez. Esta discontinuidad demográfica es el corazón del debate sobre el origen del canto.

RÍO NAZAS
La Comarca Lagunera: cuenca semidesértica regada por el Nazas, entre Coahuila y Durango. En 1936 producía la mitad del algodón del país.

Los dos polos del canto

Durango

Sapioríz, La Loma, El Ranchito

Sapioríz es una ranchería del municipio de Lerdo, anexa a La Loma, a poco más de quince minutos de Torreón. Es el lugar del que salieron casi todas las grabaciones y casi toda la bibliografía: aquí grabó el INAH en 1977, aquí trabajaron Lozano, Palacios, Rojas y Romero. De aquí son los Cardencheros de Sapioríz.

En Sapioríz se cantan pocas tragedias y pocos corridos; se prefiere «acardenchar» canciones rancheras o cantar directamente el repertorio de cardenchas.

Palacios, 2024, cap. 2 y 3; Romero, 2009, cap. II; Rojas, 2008, cap. 3.
Coahuila

La Flor de Jimulco y el Cañón

En el Cañón de Jimulco —La Flor de Jimulco, Picardías, Juan Eugenio, Sombreretillo, La Trinidad— el repertorio se inclina hacia las tragedias y los corridos acardenchados, narraciones de muertes violentas y de sucesos de la Revolución. Ahí cantaron don Quico Orona, don Quico Beltrán, don Andrés Adame y la agrupación de don Atanasio Ríos, que llegó a reunir más de seis voces, «una especie de coral».

Una hipótesis local sitúa en La Flor de Jimulco el nacimiento mismo del estilo. El aislamiento del cañón —la carretera entró apenas en 1957— explica en parte su conservación.

Lozano, 2002; Urdaibay, 1994; Del Moral González, 2006, cap. 4; testimonios del Coloquio de Informantes para la Historia Oral de Torreón (1990 y 1992), cit. en Romero, 2015, pp. 276–277.
04 · Origen y fechas

Cinco hipótesis, ninguna concluyente

Sobre el origen del cardenche no hay consenso, y es importante decirlo así. Ninguna investigación cierra el asunto: las hipótesis son variadas y las pruebas documentales, escasas. Lo que sigue es el mapa completo del debate, con quién sostiene cada posición y con qué evidencia.

Hipótesis I

Origen en la población originaria

Sostiene que los antiguos habitantes de La Laguna —«negros, indígenas y castas»— ya cantaban así, imitando los aullidos de los coyotes o cantando en las cuevas para hacer una segunda voz con el eco. Es la versión más difundida oralmente y la más difícil de documentar.

Nadia Romero matiza que, si se toma en serio, esos «aullidos» podrían apuntar a las voces llamadas ladinas y a la posibilidad de que la polifonía europea se nutriera de herencia india.

Roberto Martínez, «Canto Cardenche: un sentido lamento de peón», Fronteras, 1999, p. 14. Discutido en Palacios, 2007, cap. 3; Romero, 2009, p. 129 y 124; Palacios, 2024, p. 78.
Hipótesis II

Origen hispánico — primera repuebla, siglo XVII

La evangelización jesuita del norte novohispano trajo la polifonía religiosa: alabados, posadas, pastorelas, nacimientos. La particularidad lagunera es que esa evangelización no fue de misioneros a indígenas locales, porque la población originaria era nómada y fue casi exterminada: llegó con pobladores del centro-occidente ya evangelizados y conocedores de la polifonía.

Churruca Peláez et al., 1994, pp. 95–96; Pérez de Ribas, 1944, pp. 264–265; Vázquez Valle, 1978, p. 2. Síntesis y esquema en Palacios, 2007, cap. 3, pp. 65–67.
Hipótesis III

Origen hispánico — segunda repuebla, hacia 1850

La versión más citada. Héctor Lozano compara la estructura musical de villancicos del cancionero español de los siglos XVI y XVII con los cantos de pastorela de la región y concluye que la estructura musical de los cantos religiosos coloniales fue retomada para dar origen al canto cardenche.

Fecha las pastorelas en la región hacia 1850, introducidas por jesuitas, y sitúa la aparición del cardenche «a inicios del último cuarto» del siglo XIX —hacia 1875— con declive a partir de 1930.

Lozano Chavarría, Polifonía de la región lagunera, UNAM, 2002, pp. 161 y 174.
Hipótesis IV

Llegó ya hecho, de fuera de La Laguna

Que el estilo llegó tal como se le conoce con inmigrantes procedentes de Juan Aldama y Miguel Auza, Zacatecas, que continuaban una tradición traída de España, y fue adoptado por los pobladores del Cañón de Jimulco y de Sapioríz. Una variante afirma que los trabajadores del sur cantaban sin acompañamiento con tal dominio que una voz imitaba al contrabajo, otra hacía armonías y otra los contratiempos de la guitarra: una orquesta hecha de gargantas.

Versiones recopiladas y confrontadas en Romero García, 2015, pp. 275–276; Mendoza, 1991, p. 17; Enríquez y García, 1989, p. 145.
Hipótesis V

Origen africano

La menos difundida. Vincula el canto comunal con poblaciones de origen africano presentes en la región —los llamados negros mascogos— tanto en el siglo XVII como a mediados del XIX. Se sostiene sobre todo en testimonio oral y carece hasta hoy de sustento documental firme.

Testimonio del Lic. Francisco Cázares, esquematizado en Palacios, 2007, cap. 3, p. 66; mencionada como «de menor difusión» en Palacios, 2024, p. 78.
Hipótesis VI

Origen colonial por análisis musical

El musicólogo Roberto Portillo, tras el análisis musical de las grabaciones del INAH, consideró posible un origen colonial: la ornamentación y ciertos cánones de interpretación remiten al Renacimiento y al Barroco, aunque la línea melódica y el texto muestran un lirismo típicamente romántico del siglo XIX. Él mismo se abstuvo de afirmarlo con decisión.

Roberto Portillo, notas al LP del INAH, cit. en Rojas Ruiz, 2008, pp. 28–29.

Dónde discrepan los investigadores (y por qué importa)

Minerva Rojas descarta el origen colonial por una razón histórica: en la Colonia la región estaba prácticamente deshabitada, los intentos de poblamiento fracasaban y solo se formaban núcleos «intermitentes». Sin continuidad poblacional no puede haber transmisión generacional. Para ella, las condiciones se dan solo a finales del siglo XIX, cuando la Comarca se vuelve algodonera y se consolidan los pueblos.

Montserrat Palacios objeta ese descarte: señala que Rojas excluye a priori las hipótesis precolombinas o coloniales, y que la existencia de misiones en La Laguna desde finales del siglo XVI permite suponer conocimiento de la polifonía mucho antes; por eso rechaza el siglo XIX como fecha de aparición.

Nadia Romero propone un tercer tiempo: no una fecha de nacimiento, sino un proceso. Un periodo de gestación desde finales del siglo XVIII —cuando la territorialidad nómada se transforma en territorialidad española y la polifonía religiosa se propaga por las haciendas mediante pastorelas y alabanzas— y un periodo de consolidación en la segunda mitad del XIX y principios del XX.

Ninguna de estas posiciones anula a las otras. La honestidad del archivo consiste en sostener las tres a la vista: ninguna afirmación sobre el origen del cardenche debería apoyarse en una sola voz.

«Podríamos considerar el origen de este género como de la época colonial; sin embargo no podemos aseverarlo decididamente.»

Roberto Portillo, musicólogo · notas al LP del INAH, cit. en Rojas Ruiz, 2008, p. 29
05 · Cronología

Del monte al escenario: cuatro siglos en una línea

Las fechas que siguen no son la biografía del canto —esa no se puede escribir con certeza— sino la de su región y la de su documentación. Se ordenan porque aquí el orden sí carga información: cada etapa explica la siguiente.

1554

Francisco de Ibarra funda la Nueva Vizcaya

Las expediciones desde Zacatecas hacia el norte forman el Valle de Guadiana, hoy Durango. A diferencia del centro y sur de México, Ibarra no encuentra poblaciones consolidadas que someter, sino grupos heterogéneos y nómadas.

Palacios, 2007, cap. 3, a partir de Saravia y Gallegos
s. XVI–XVII

Misiones y primera repuebla

Se establecen misiones en La Laguna. Llega mano de obra de indígenas ya evangelizados del centro-occidente, conocedores de la polifonía europea. En 1604 el padre Arista menciona que los naturales laguneros entonaban «un canto triste y lloroso» en los mitotes de funeral.

Churruca Peláez, 1989a, p. 104, cit. en Del Moral González, 2006, p. 143; Palacios, 2024, p. 78
c. 1850

Segunda repuebla y llegada de las pastorelas

Los cantos religiosos polifónicos —pastorelas, posadas, alabados, rosarios— se afianzan en la región. Para Lozano, es el suelo musical del que brotará el cardenche pocos años después.

Lozano Chavarría, 2002, pp. 161 y 174
1877–1880

Aparición documentable del canto cardenche

El último cuarto del siglo XIX, con el auge algodonero y la migración masiva de peones de Zacatecas, San Luis Potosí, Jalisco y Aguascalientes. Es la fecha en que coinciden Lozano, Mendoza, Stanford y las fichas de Culturas Populares: «por lo menos desde finales del siglo XIX».

Convergencia de Lozano, 2002; Mendoza, 1991; Stanford, 1999; Vázquez Valle, 1978
1910–1920

Revolución

La infancia y el aprendizaje de los cardencheros entrevistados en el siglo XX transcurren en estos años. De este periodo salen buena parte de los corridos acardenchados y las tragedias del Cañón de Jimulco.

Palacios, 2007, esquema histórico, cap. 3; Urdaibay, 1994
1936

Reparto agrario

Se forman 300 ejidos en La Laguna. Los peones acasillados se vuelven ejidatarios. Para don Arturo Orona las cardenchas eran «canciones de protesta»; para don Beto Antúnez seguían siendo canciones de amor. Alrededor de esta fecha, según coinciden las fuentes, se dejan de componer canciones nuevas.

Rojas Ruiz, 2008, cap. 2; Palacios, 2007, cap. 3; Romero, 2009, § 2.5
1930–1970

Declive del contexto

Cae el algodón: el nylon le quita mercado, se agotan los mantos freáticos, llegan sequías y plagas. Llegan también el radio, el tocadiscos y los motores. El pueblo se llena de ruidos y se acaban las distancias, las resonancias y las serenatas.

Rojas Ruiz, 2008, cap. 2; Palacios, 2024, § 2.5.1
1977–1978

El INAH graba en Sapioríz

La antropóloga Irene Vázquez Valle realiza el primer registro sonoro, con notas del musicólogo Roberto Portillo. El LP Tradiciones musicales de La Laguna. La canción cardenche saca el canto de la ranchería y fija la definición que aún se repite. Del basurero al escenario.

Vázquez Valle, 1978; análisis del proceso en Romero, 2015, pp. 196–203
1985–1999

Cancioneros, casetes y talleres

En 1991 la Unidad Regional La Laguna publica un cancionero con 76 cardenchas. En 1995 don Juan Sánchez Ponce inscribe por iniciativa propia a los cantores en el PACMYC y consiguen grabar: un registro que no nace de un investigador externo sino de los propios cantores. Se abren talleres de revitalización, con respuesta escasa entre los jóvenes.

Mendoza (introd.), 1991; Romero, 2015, pp. 206–207; Rojas, 2008, cap. 4
1999

Muere don Juan Sánchez Ponce

La prensa de Torreón lo despide como «el último de los cardencheros». Era la voz de arrastre más querida de Sapioríz y uno de los principales promotores del canto. Hasta poco antes del año 2000 solo quedaban dos voces de arrastre en todo el pueblo: la suya y la de don Regino Ponce, que ya no cantaba.

José María Mena, La Opinión, Torreón, 9 de febrero de 1999, cit. en Romero, 2015, pp. 207–208; Palacios, 2024, p. 168
2008

Premio Nacional de Ciencias y Artes

Los Cardencheros de Sapioríz —Guadalupe Salazar, Genaro Chavarría, Antonio Valles y Fidel Elizalde—, junto con su promotor Juan Francisco Cázares, reciben el premio en la categoría de Artes y Tradiciones Populares, de manos del presidente Felipe Calderón. Eran entonces los cuatro cardencheros vivos del pueblo. Una candidatura anterior, la de don Eduardo Elizalde en 1991, no había prosperado.

Romero García, 2009, p. 213, y 2015, p. 214; Palacios Prado, 2024, p. 70; Rojas Ruiz, 2008, cap. 4
2011

París

Los Cardencheros de Sapioríz cantan en el Festival de Otoño de París: la primera vez que el canto cruza a Europa. Antes habían estado en el Festival Smithsoniano de Washington y en el Rockefeller Center de Nueva York.

Palacios, 2024, p. 75; Romero, 2015, p. 9, n. 2
2023

Muere don Antonio Valles

En febrero. Fue voz fundamental, anfitrión de investigadores durante décadas y uno de los cuatro cantores que sostuvieron el canto en el cambio de siglo.

Palacios Prado, 2024, apéndice, p. 552
06 · La técnica

Tres gargantas, un solo cuerpo sonoro

Cada voz del cardenche tiene nombre propio, función propia y prestigio propio. No son «primera, segunda y tercera»: son criaturas con carácter. Y su reparto no depende de una partitura sino de la tesitura de quien esté presente esa noche.

Voz
También llamada
Qué hace
Arrastre
la marrana, primera de arrastre
La más grave. Sostiene el fondo armónico. Es la voz más apreciada porque siempre hubo pocas: sin un «buen arrastre» la canción no suena «como debe ser».
Fundamental
primera fundamental, central
La voz intermedia. Suele llevar el cantus firmus —equivale al tenor renacentista, que también se llamaba fundamental—, aunque no siempre: hay cardenchas donde la melodía la lleva la contralta o el arrastre.
Contralta
requinto, arrequinte
La más aguda. Realiza los melismas y los quiebres. Su nombre viene del contra altus, el contralto de la polifonía europea de los siglos XV a XVII.
Arrequinte
—
Cuarta voz, más aguda todavía, cuando la hay. Hay memoria de agrupaciones de cinco voces en tiempos pasados.

Fuentes: Vázquez Valle, 1978 (nomenclatura original); Palacios, 2024, pp. 22–23 y 167–169 (ámbitos vocales, escasez de arrastres, paralelo con el tenor y el contra altus —dato precisado por la Dra. Soterraña Aguirre); Lozano, 2002, p. 71 y p. 177 (discusión sobre cuál es «la voz principal»); Palacios, 2007, cap. 4, § 2.2.2 («llevar la canción»).

«Llevar la canción»

Hubo una discusión larga entre investigadores sobre cuál es la voz principal. Irene Vázquez sostuvo que era «la segunda»; Héctor Lozano la corrigió afirmando que es «la primera», aun cuando esté en la parte intermedia. El trabajo de campo posterior mostró que la pregunta estaba mal planteada: la responsabilidad no recae siempre en la misma voz, sino en aquella que lleve la canción, que puede ser cualquiera de las tres según la pieza.

Acardenchar

Es el verbo del oficio, y su significado ha sido discutido. Lozano lo entendió como un tipo de emisión: «cierto arrebato en las voces, principalmente en la aguda», con sensación de estar gritando. Los cardencheros de Sapioríz, preguntados directamente, dijeron que no: para ellos acardenchar no es una manera de emitir sino de armar el contrapunto.

«Acardenchar es hacerle curvas, subidas, bajadas a la canción, adornarla. A veces cuando una canción no es cardencha y dicen “¡acardénchela, compadre!”, pos más bien hay que hacerle subidas y bajadas, adornar con las voces.»

Don Guadalupe Salazar y don Antonio Valles · Sapioríz, 18 de enero de 2000 · Palacios, 2007 y 2024

La llamada «desafinación»

El cuadernillo del INAH habló de una «esencial desafinación», y el término se volvió parte de la definición popular. Es una noción problemática: supone parámetros de afinación fijos que aquí no son pertinentes. La investigación más reciente prefiere hablar de fluctuación en la altura del sonido y de lo que Charles Keil llamó discrepancias participatorias: la música viva está llena de «destiempos» y «desafines», y ahí es donde vive.

El repertorio técnico documentado incluye emisión por golpe de glotis, constricción laríngea, transición entre modos vibratorios, nasalización, sonido raspado, ornamentación laríngea y una emisión «deslavazada» que pasa de una zona grave y cerrada a otra aguda y abierta. En una sola nota puede cambiar el timbre: se escuchan «voces en la voz».

El silencio, que no es pausa

Es quizá el rasgo más singular. Los silencios no caen donde caería una respiración: parten la frase, interrumpen la palabra, se meten entre sílaba y sílaba. Los cantores los llaman pausas «a capricho», y a veces una cardencha se abandona a la mitad para empezar otra.

Analizado con Unidades Semióticas Temporales, el resultado es un ritmo libre, con aceleración negativa, cadencias que anteceden a los silencios y una percepción del tiempo como suspenso e interrogación. A la lista de unidades conocidas hubo que añadir una nueva, propuesta para este repertorio: circularidad, junto con las de engranaje, eco y silencio.

«Cuando canto me dan tantas ganas de llorar, yo hasta me atraganto en uno o dos cantos.»

Don Guadalupe Salazar · Sapioríz, 14 de enero de 2000 · Palacios Prado, 2024, p. 506

Dos valores que los cantores nombran

«Tener el pecho completo» o «tener toda la voz»: poder hacer, una misma persona, cualquiera de las tres voces. Es el mayor elogio. Doña Marianita García lo decía de sí misma sin ningún reparo, como lo hacen las buenas cantadoras.

«Tener sentido»: el oído para hallar la voz propia dentro del entramado. Como dice don Aniceto Chavarría, mientras uno no tenga sentido no puede acompañar una canción.

A diferencia de otras culturas vocales, aquí el agudo no funciona como marcador de prestigio. El falsete no es virtuosismo ni facilidad: es un recurso orgánico del modo de canto.

07 · Repertorio

Todo lo que se canta acardenchado

Reducir el cardenche a las canciones de amor es perder de vista más de la mitad de la tradición. La investigación más reciente identifica siete expresiones dentro de esta cultura musical: la canción cardenche, las pastorelas, las alabanzas a los santos, los alabados o cantos para difuntos, la canción comercial acardenchada, el corrido acardenchado y la tragedia acardenchada. El corpus más completo reunido hasta hoy —cotejando cancioneros, discos, videos y trabajos de campo— parte de 270 registros que, descontadas las variantes, se reducen a 126 piezas profanas más dieciséis registros de la dimensión religiosa.

Profano · el núcleo

Canción cardenche

Las cardenchas propiamente dichas: «canciones de amor y de desprecio». De 80 letras recuperadas, 34 hablan de aspectos del amor y 26 del desprecio sufrido. Es el repertorio que se canta hoy y el que dio nombre a todo lo demás.

Rojas Ruiz, 2008, § 1.5, que cuenta 34 letras de amor y 26 de desprecio sobre 80 recuperadas; corpus en Romero García, 2015, anexos I y II.
Profano · narrativo

Tragedias

Muertes violentas de personajes de la región, casi siempre por celos, traición o valentía. Musicalmente son idénticas a las cardenchas: «esas son otras, son tragedias, pero se cantan igual», dice don Eduardo Elizalde. Propias de La Flor de Jimulco.

Lozano Chavarría, 2002, pp. 14–16; Urdaibay, 1994.
Profano · narrativo

Corridos acardenchados

A diferencia del corrido nacional —a dos voces en terceras paralelas, con guitarra sexta y compás regular— estos se cantan con la polivocalidad del cardenche. Narran la quema de Cuencamé, el levantamiento de Madero, prendimientos y huidas. Verdaderas reliquias sonoras de la historia comarcal prerrevolucionaria.

Palacios, 2007, cap. 4, y 2024, § 2.4.5; Romero, 2015, anexo (corpus de corridos y tragedias).
Profano · adoptado

Canción acardenchada

Rancheras y canciones mexicanas de otro origen, «acardenchadas» al armarles las tres voces. Los amigos les decían: «ustedes ya están acardenchados de por sí, hasta las canciones las cantan acardenchadas». Y ellos: «pos se pega, se pega la cardenche».

Palacios Prado, 2007, cap. 4, § 2.7.2.
Religioso

Alabados y alabanzas

Los alabados o cantos «a los cuerpos», para velorios y Semana Santa, y las alabanzas a la Virgen y a los santos: misterios de posada, de caminata, de rosario. En el recuento de las siete expresiones cuentan como dos, porque tienen ocasión y función distintas. Este es el repertorio donde las mujeres tuvieron siempre lugar propio, y todavía hoy llaman a los cantores cuando hay un deceso en la comunidad.

Romero García, 2015, introducción (las siete expresiones de esta cultura musical); Palacios, 2024, § 2.4 (tabla de repertorios y ocasiones); Del Moral González, 2006, cap. 4 (alabanza acardenchada en el Cañón de Jimulco).
Religioso

Pastorelas y posadas

Del 16 al 24 de diciembre, y luego el 6 de enero y el 2 de febrero. Los cantos intercalados entre los relates hablados se interpretan al estilo cardenche. Aquí aprendían a cantar los niños, y aquí el aprendizaje era estricto y riguroso, a diferencia del basurero, donde era lúdico.

Flores Domene (coord.), Las pastorelas, tradición escénica de La Laguna, DGCP, 1992; Lozano, 2002; Palacios, 2024, § 2.5.1.2.

Tres días duraron los cuerpos
para irlos a levantar;
como eran de la familia,
casi esto fue un ejemplar.

Un detalle revelador: el libro de pastorelas de 1992 transcribe cantos que se interpretan «al estilo cardenche», pero en su introducción no lo señala, y las pastorelas quedan fuera de la cultura musical cardenchera. Reintegrarlas es una de las correcciones más importantes de los últimos años.

08 · El lugar y la vida

Se cantaba encima de la basura, y era el lugar más alto del pueblo

El basurero: promontorio de ceniza, tierra y rastrojo a las orillas del pueblo, a veces más alto que las casas. Ahí se subían a cantar después de la labor, lejos de donde el patrón pudiera oírlos.

Los basureros eran promontorios formados con los años: ceniza, tierra, rastrojo, hojarasca y desperdicios vegetales amontonados en los extremos de la única calle. Podían ser más altos que las casas. Ahí había con qué encender una fogata para calentarse por fuera, mientras por dentro se calentaban con sotol.

También se cantaba sobre la vía del tren, en los bordos de la labor, en los barrancos, bajo un mezquite. Y se cantaba lejos de la casa grande: «por eso cuando nos juntábamos a cantar, todos se iban a escondidas pa'l monte, para que el patrón no los viera; si no, los castigaba», recordaba don Quico Beltrán.

Desde La Loma se oía cantar en Sapioríz. Los cardencheros de un pueblo escuchaban a los del otro y caminaban hacia allá, o se quedaban callados oyendo. Cuando llegaron los motores, el radio y la televisión, se acabaron las distancias, las resonancias y las serenatas.

La pastilla

El alcohol como criterio estético

Al trago le dicen la pastilla: sirve «para que el pecho se alisara». No es anécdota, es un valor social reconocido por los cantores. Doña Yolanda dice que cantaban más bonito cuando estaban tomando. Pero doña Altagracia, esposa de don Genaro Chavarría, lo vive con preocupación: «qué chiste que van a cantar y ni saben cómo quedó el canto».

La bebida también volvió mal visto al canto, y motivo de vergüenza. Doña Manuela cuenta que por eso ya no los quisieron las dueñas de los niños Dios para arrullarlos.

Palacios, 2007, cap. 5, § 1.3.1, y 2024, § 2.6 (entrevistas de 1998 y 2000).
Las mujeres

Cantadoras

La participación femenina fue menor y quedó confinada sobre todo al repertorio religioso: se decía que las cardenchas eran de hombres, canciones de basurero y a veces «picositas», y que las letras hablan desde el punto de vista masculino.

Aun así, hubo cantadoras notables: Isabel Luna, Hortensia Valles, Rosa Cortés, Otilia García —de voz tan grave que hacía el arrastre— y sobre todo doña Mariana García, «doña Marianita», que se iba con los hombres a cantar alabados a los pueblos vecinos y se sabía todo el repertorio. Al río, decían, se iba a cantar a gritos.

Lozano, 2002, pp. 22–24; Palacios, 2007, apéndice 1 y cap. 4, § 2.7.1; Romero, 2015, p. 250.
El aprendizaje

Oyendo y arrimándose

No había clases ni papeles. Los señores descansaban de la labor y cantaban; los niños escuchaban de cerca y las mujeres de lejos. El basurero fue el espacio de transmisión del repertorio profano; la pastorela, el del religioso.

Don Eduardo Elizalde cantó por primera vez en una pastorela, a los trece años: los señores «lo metieron de pastor» y no podía decir que no. Don Genaro Chavarría lo resume: «Más antes, al padre o a cualquier persona mayor había que obedecer; así que cuando ellos decían “A ver, muchacho, siéntese y cante”, había que cantar».

Palacios, 2007, cap. 4, § 2.8, y 2024, § 2.5.1.2 (entrevistas, Sapioríz, 15 y 18 de enero de 2000).

Lo que se puede leer en las letras

Del conjunto del cancionero se desprende un retrato de la comunidad que lo produjo: el amor y la pareja como apoyo emocional frente al mundo; la familia como formadora; la amistad y las relaciones comunitarias; la dureza del trabajo y la tendencia a ahogar las penas en alcohol; jornadas larguísimas que terminaban de noche, por lo que la madrugada era el tiempo del esparcimiento; la importancia de la oralidad; la nostalgia por el lugar de origen de quienes vinieron de otras tierras; y un sentimiento de invalidez de la vida y tristeza permanente que desemboca en religiosidad.

Por eso el cielo, la luna, las estrellas y el amanecer aparecen tanto: en el campo, leer el firmamento indica la época del año, la hora, la ubicación y si va a llover.

09 · El canon

De cada dos canciones, una ya no se puede oír

El repertorio del canto cardenche está inventariado: 126 piezas profanas —cardenchas, canciones acardenchadas, corridos y tragedias— más dieciséis registros de pastorelas, alabanzas y alabados, cada uno con decenas de cantos dentro. De ese conjunto se sabe con precisión qué se conserva y qué no, y la respuesta es dura de leer.

57piezas conservan su tonada y se pueden escuchar
68solo conservan la letra: nadie sabe ya cómo sonaban

La distinción no es un tecnicismo de archivo. Una cardencha sin tonada es un poema: se lee, se entiende, incluso conmueve. Pero la cardencha no era un poema. Era tres voces armando un contrapunto sin director, con silencios repartidos a capricho y una manera de alargar las vocales que no está escrita en ninguna parte. Todo eso vivía en la tonada. Cuando muere el último que la sabía, el texto sobrevive y la música no.

De once piezas se dejó constancia expresa: en el inventario aparecen marcadas «sin audio», es decir, que al cerrarse la investigación no se localizó ninguna grabación. Entre ellas está Epigenio y Manuel, la única del repertorio que pide en sus propios versos ser apuntada en un papel para que no se olvide.

Ver el inventario completo de las 142 entradas, pieza por pieza → Con su estado sonoro, filtros por categoría y enlace de escucha.

Lo que este archivo añade

Rescate

Tres que se daban por perdidas

Adiós, adiós, ¡Ah! qué alta se ve la luna y Amigo, no te emborraches figuran en el inventario como piezas sin grabación localizada. Las tres suenan en el Acervo: el registro queda corregido en tres puntos.

Ampliación

Cuatro que no estaban

Cuando la redonda luna, Como me decías chinita, El arbolito y Estos ojos llorar no sabían no aparecen en ningún cancionero publicado. Existen solo como voz. De la primera se conoce hasta la cadena por la que llegó: Rosa Cortés se la enseñó a su hija Mariana García, ella a su hijo Fidel Elizalde, y él a sus compañeros.

Apertura

Lo que estaba encerrado

La yegua, La Porfiria y Ando buscando un novillo existían únicamente en el disco anexo de una tesis doctoral. Manuel Rivas y el corrido sin título sobre Francisco Orona dependían cada uno de una sola fuente escrita. Hoy se pueden oír.

Con estas incorporaciones, toda grabación conocida del repertorio profano está publicada. No queda material esperando turno en una gaveta. Lo que falta no está pendiente: está perdido.

La excepción está en la dimensión religiosa. De los dieciséis registros de pastorelas y alabanzas, quince siguen sin grabación pública —el Acervo solo ha publicado dos cantos de la pastorela de La Loma, Durango—. Pero ahí la situación se invierte: las pastorelas se siguen representando cada diciembre en Sapioríz, La Loma, Viesca, La Paz y Charcas, y las tonadas mejor conservadas son precisamente Al paso ligero, El cielo alegre, El arrullamiento, Las mañanitas y Las campanitas. Ese repertorio no está perdido: está sin grabar. Todavía se puede ir a buscar.

10 · Cancionero

Canciones de amor y de desprecio

Estas letras se cantan muy despacio, con la última nota de cada verso alargada hasta que parece que la pieza ya terminó. El cancionero completo del Acervo reúne las 61 piezas de las que se conserva la tonada, cada una con su letra íntegra, su grabación y la fuente de la que procede.

Pieza 5Se puede escuchar

Al pie de un árbol

También «La garza morena». Cuando se preguntó en Sapioríz por las cardenchas favoritas, la gran mayoría la nombró sin dudarlo.

Al pie de un árbol
mi alma se encuentra triste
y aluminada
con la luz de la mañana.

Quisiera ser
una garza morena
para estarte mirando
en una redoma de oro.

Pero, trigueñita,
nomás que me acuerdo lloro.
¿Quién tiene la culpa?
Usted, que me abandonó.

Interpretan Pablo García Antúnez (contralta), Eduardo Elizalde (fundamental) y Juan Sánchez Ponce (arrastre). Grabación de Irene Vázquez Valle, Sapioríz, 1977; INAH, 1978.
Pieza 4Solo se conserva la letra

¡Ah! qué bonito es amar en silencio

La cardencha más luminosa del cancionero: aquí el amor no duele, arde con calma. Nadie ha grabado nunca cómo suena.

¡Ah! qué bonito es amar en silencio,
porque en silencio se goza con calma;
es más bonita la dueña de mi alma,
por Dios que no puedo sufrir esta pasión.

Tarde por tarde se cortan las flores
y se mantienen en un vaso de agua;
es más bonita la dueña de mi alma,
por Dios que no puedo sufrir esta pasión.

Letra: cancionero de la DGCP, 1991. Marcada «sin audio» en el inventario de Romero García, 2015.

Abrir el cancionero completo: 61 letras con su grabación → Con índice por género —cardenchas, corridos, tragedias— e índice alfabético, buscador por verso y video incrustado en cada pieza.

Una advertencia sobre estas letras. Don Fidel Elizalde precisaba que su grupo cantaba canciones de amor, no de desprecio, porque a su padre le parecía muy malo ofender a la mujer. El repertorio existe, pero el criterio de quién lo canta y cuándo también forma parte de la tradición.

11 · Los cardencheros

Quienes lo cantaron, hablando

Todo lo que se sabe del cardenche se sabe porque alguien se sentó a escuchar a estos señores y señoras durante horas. Estas son sus palabras, con la fecha y el lugar en que fueron dichas.

Sapioríz, 1998–2000

Doña Mariana García

Nació en 1924. Analfabeta hasta que su marido, el cardenchero Eduardo Elizalde, le enseñó a leer en la cama después de casados. Aprendió a cantar de su madre, Rosa Cortés, mientras la veía mecer una cuna cantando alabanzas. Fue la única mujer que andaba cantando alabados con los hombres por los pueblos vecinos.

«En Sapioríz fui nacida y criada y casada y todo, y aquí voy a quedar, en mi tierra natal.»
«Yo canto de todo, no crea; nomás que mi favorita es la cardenche. Lástima que a veces no hay quien me acompañe, pero a veces yo sola…»
Entrevistas de Montserrat Palacios, Sapioríz, 24 de mayo de 1998 y enero de 2000. Palacios, 2007, apéndice 1, y 2024, apéndice, pp. 518–520.
Sapioríz, 1992–1998

Don Juan Sánchez Ponce

La voz de arrastre más emblemática de la comunidad y el promotor que inscribió a los cardencheros en el PACMYC para que pudieran grabarse a sí mismos. Aprendió en los basureros con los «señores grandes». Murió en 1999.

«Aquí había cantadores aquí en Sapioríz, en El Refugio, en Salamanca, ahí en Juan de García, en La Loma, todo eso había. Pero ya todos terminaron. Quedan los hijos, pero los hijos no saben canciones.»
Video de la Unidad Regional La Laguna, CONACULTA, transcrito en Rojas Ruiz, 2008, cap. 1. Entrevistas en Lozano, 2002, y Palacios, 2007.
Sapioríz, 2000–2023

Don Antonio Valles

Voz fundamental. Heredó de su padre, don Gabriel Valles, las tierras del reparto del 36. Hospedó a los investigadores durante décadas y en su casa se hizo el taller semanal del año 2000. Murió en febrero de 2023.

«Es que uno siempre busca su parranda, su camada pa' determinada canción, porque uno solo, pos… siempre buscamos cuando estamos haciendo la tonadilla.»
Entrevistas de Palacios (1998, 2000) y de Rojas (2006). Palacios, 2024, p. 168 y apéndice p. 552; Rojas Ruiz, 2008, anexo IV.4.
Sapioríz, 2000

Don Guadalupe Salazar

Nació en 1943. Además de cantor es poeta: tiene un cuaderno de poemas que quiere volver canciones. Su padre no fue cardenchero ni se juntó nunca en los basureros; él empezó hacia 1980, de pastor en una pastorela de El Ranchito.

«Yo aprendí sin ser heredero.»
«Cuando canto me dan tantas ganas de llorar, yo hasta me atraganto en uno o dos cantos.»
Entrevistas de Palacios, Sapioríz, 14 y 18 de enero de 2000. Palacios, 2007, cap. 4, y 2024, apéndice, pp. 553–554.
Sapioríz, 2000–2008

Don Fidel Elizalde

Hijo de doña Marianita García y de don Eduardo Elizalde, cantó mucho con su padre. Hace la voz contralta. Fue quien tomó la palabra ante las visitas y quien puso el límite moral del repertorio de su familia.

«La canción es de amor. Nosotros siempre hemos cantado canción de amor; nunca canción de desprecio, porque a mi papá no le gustaba. Decía: se me hace muy malo ofender a la mujer.»
Entrevista de Minerva Rojas, casa de don Fidel Elizalde, Sapioríz, 10 de febrero de 2006. Rojas Ruiz, 2008, anexo IV.4; grabaciones de Palacios, 2000.
Sapioríz, 2000–2008

Don Genaro Chavarría

Contralta de registro amplio en los agudos. Aprendió de los que él llama «los meros meros cardencheros» y se inició de niño en las pastorelas, cuando cantar no era una elección.

«Más antes, al padre o a cualquier persona mayor había que obedecer; así que cuando ellos decían “A ver, muchacho, siéntese y cante”, había que cantar.»
«Me gusta porque fue de las primeras que empecé yo a cantar, y porque habla de amor, de la novia.»
Entrevistas de Palacios, Sapioríz, 15 de enero de 2000, y de Romero, Sapioríz, 2008 (entrev. 10). Palacios, 2024, § 2.5.1.2; Romero, 2009, p. 146.
Sapioríz, 2000–2008

Don Regino Ponce

El cardenchero más antiguo de Sapioríz y, junto con don Juan Sánchez, la otra gran voz de arrastre de la comunidad. Cuando quedaban solo esas dos voces graves en todo el pueblo, él ya había dejado de cantar: se pasó a la iglesia evangélica, y los cardencheros «convertidos» ya no cantan cardenchas porque «ya no son borrachos».

«Pos todas son buenas; hay cardenchas, hay canciones cardenchas. Voy a cantar una de esas…»
Entrevista de Palacios, Sapioríz, 19 de enero de 2000; entrevista de Romero, Sapioríz, 2008, con registro sonoro. Palacios, 2024, p. 168 y § 2.6; Romero, 2009, p. 146.
Sapioríz, 1977

Don Pablo García Antúnez

Contralta en la grabación de 1977 que dio a conocer el canto fuera de La Laguna: suya es la voz aguda de «Al pie de un árbol» y de «Yo ya me voy a morir a los desiertos». Tío de doña Marianita, era él quien pedía permiso para llevarla a cantar alabados a los pueblos vecinos.

De los tres que grabaron aquel disco —él, don Eduardo Elizalde y don Juan Sánchez— ya no vive ninguno.

Vázquez Valle, INAH, 1978 (créditos de intérpretes); Palacios, 2007, cap. 6 y apéndice 1; Palacios, 2024, § 4.4.4.
La Flor de Jimulco, 1986–1994

Don Francisco «Quico» Orona

Antiguo peón de la hacienda de La Flor, al que le gustaba «andar gorjeando todo el día». Su conversación con el periodista y músico José Luis Urdaibay dio lugar a Cardenchero. Las voces requemadas, cancionero y libro biográfico premiado en 1994.

«Porque todas esas acaban con oooon…» —cantando la terminación, para explicar el estilo
Entrevista de Héctor Lozano, 1986; Lozano Chavarría, 2002, pp. 14–15. Urdaibay, J. L., Cardenchero. Las voces requemadas, Saltillo, 1994.

«A la orilla del cerro, cuando íbamos arriba de las burras a cortar la leña, yo cantaba y ella me contestaba… pero lo más bonito de las cardenchas era cuando el mismo cerro nos contestaba.»

Doña Otila García, hermana de doña Marianita · entrevista de Héctor Lozano, 1993 · Lozano Chavarría, 2002, p. 23
12 · La otra voz

Lo que han dicho quienes lo estudiaron

El cardenche tiene una bibliografía pequeña pero intensa, y no siempre de acuerdo consigo misma. Estas son las formulaciones que más han pesado, y también las que se contradicen entre sí.

«Este género es de origen eminentemente campesino.»

Irene Vázquez Valle, antropóloga, INAH, 1978, p. 2 · la frase fundacional, discutida después por ocultar la vena hispánica que el mismo análisis musical sugería

«La estructura musical de los cantos religiosos coloniales ha sido retomada para dar origen al canto cardenche.»

Héctor Lozano Chavarría, etnomusicólogo · Polifonía de la región lagunera, UNAM, 2002, p. 161

«Es una canción eminentemente de arraigo popular… Algunas de las canciones se cantaban ya en los últimos años del siglo pasado. Son guardadas en la memoria y es posible que desaparezcan en los próximos años.»

José Luis Urdaibay, periodista y músico · Cardenchero. Las voces requemadas, 1994, p. 74

«Consideramos que el canto cardenche es una forma de expresión que en sí misma no es sólo un grito de dolor, sino un canto de libertad.»

Minerva Rojas Ruiz · El canto cardenche: sus modos culturales de producción, UNAM, 2008, cap. 3

«En conclusión, la canción cardenche es una muestra del patrimonio intangible derivado de una vida campesina, de una vida relacionada con el trabajo colectivo de la tierra, de una vida socializadora del canto, de una vida donde el canto dirigió buena parte del rumbo compartido.»

Nadia Cristina Romero García · tesis de doctorado, UNAM, 2015

La crítica que conviene no saltarse

Romero García documenta que, desde 1978 hasta hoy, el argumento de que el cardenche «está a punto de acabarse» se ha repetido sin interrupción durante más de tres décadas, y que ese enunciado ha cumplido una función: ofrecer un modelo justificador de la intervención institucional, académica y personal.

No dice que el riesgo sea falso. Dice que la narrativa del origen y del fin se volvió el molde en el que se fundieron casi todas las descripciones del género, y que ese molde deja fuera cosas: las pastorelas, los alabados, la dimensión política de los corridos, la agencia de los propios cantores.

Minerva Rojas, desde otro ángulo, propone una lectura que también evita el lamento simple: el canto se transforma de forma estética integrada a una comunidad en forma artística presentada en escenarios. Una parte se pierde y otra se gana. El canto entra en la historia y trasciende su regionalismo, en un proceso que ella describe con la transculturación de Fernando Ortiz.

13 · Lo que se apaga

Por qué se está perdiendo y por qué importa que no se pierda del todo

El cardenche no se apaga por descuido. Se apaga porque desapareció el mundo que lo hacía necesario, y porque cantarlo exige algo que ya casi no existe: años de vida compartida entre las mismas personas.

Se acabó el basurero

Y con él, la ocasión. Ya no hay jornada colectiva que termine de noche, ni promontorio donde subirse, ni silencio en el pueblo. El canto no se practica en bodas ni en fiestas: a la gente le suena triste. «¡Achis!, ¿pos quién se murió?», preguntan cuando empiezan.

Don Juan Sánchez Ponce, Sapioríz, 24 de mayo de 1998, en Palacios, 2024, p. 160.

La migración

Los jóvenes de Sapioríz emigran a la ciudad y a Estados Unidos. Las comunidades van quedando vacías de los hombres que trabajaban el campo, y quien se va pierde el contacto estrecho con las costumbres del lugar donde nació.

Rojas Ruiz, 2008, cap. 1 y 2; Palacios, 2024, § 4.1.5.

La vergüenza

Los jóvenes se burlan: «miren, ya empezaron a cantar Los Bukis». Frente al pasito duranguense y la música de banda, cantar «la música de los antiguos» —cardenchas o pastorelas— avergüenza. Ese sentimiento es, para Romero, el argumento principal que impide el cambio de estafeta.

Romero García, 2009, p. 213–214; Palacios, 2024, p. 160.

Se pierde la tonada, no la letra

De unas 150 canciones recuperadas se rescató la letra, pero muchas melodías se fueron con los cantores que las sabían. Como todo se transmitía de oído y no había escritura musical, quedan textos que ya nadie puede cantar.

Luis Enciso y Juan Manuel González, promotores de Culturas Populares, entrevista en Rojas Ruiz, 2008, anexo IV.3.

Faltan arrastres

La voz grave siempre fue escasa. Al llegar el año 2000 solo quedaban dos en todo Sapioríz, y una ya no cantaba. Los demás cantores tuvieron que modificar su timbre para hacerlo más grave y cubrir el hueco.

Palacios Prado, 2024, p. 168; Palacios, 2007, cap. 4.

Ya no se compone

Los promotores lo llaman «la no creación lírica»: los cantores interpretan el acervo de sus antepasados y se han negado sistemáticamente a incorporar géneros actuales o a musicalizar las letras de las que solo conservan el texto.

Rojas Ruiz, 2008, § 3.4, a partir de entrevistas a promotores de Culturas Populares.

La razón más honda: el canto exige tiempo compartido

Hay una explicación que va más allá del censo. Cantar cardenche no es aprender una melodía: es coordinar tres voces sin director, sin pulso metronómico y con silencios que cada quien decide. Eso requiere una complicidad social construida durante años de convivencia. Los cantores hablan de «buscar su camada», de «acomodar las tres voces», de tener «sentido». El análisis temporal lo confirma: el tempo del cardenche es un ritmo regulado por los propios cantores que no puede reducirse a una unidad constante.

Por eso, cuando se desintegra la comunidad, no se pierde solo el repertorio: se pierde la posibilidad misma de la ejecución. Como resume Juan Manuel González, de Culturas Populares de Coahuila, el cardenche nació bajo circunstancias históricas, culturales y sociales muy específicas, y esas circunstancias ya no existen.

«Todos los que nos acerquemos a la canción cardenche y estemos con Fidel, Genaro, con Lupe y Toño, estaremos asistiendo a la última forma original de la canción.»

Juan Manuel González, Unidad Estatal de Culturas Populares de Coahuila · entrevista en Rojas Ruiz, 2008, § 3.4

Por qué importa

Razón I

Es un archivo de la vida campesina

En estas letras está escrito lo que no entró a los archivos: la movilidad forzada de los peones entre haciendas —por eso el amor aparece casi siempre asociado a la separación—, la tienda de raya, la cárcel, la frontera, la borrachera como único descanso, el reparto agrario. Los corridos y tragedias del Cañón de Jimulco conservan, cien años después, el mismo texto con que se narraron las muertes y las huidas.

Romero, 2015, análisis temático del corpus; Palacios, 2024, § 2.4.5.
Razón II

Es una polifonía sin paralelo cercano

En un país donde casi toda la música tradicional lleva instrumentos, una polifonía campesina a capela de tres voces con estructuras que remiten al falsobordone y al contrapunto improvisado europeo es una rareza. Stanford solo pudo señalarle un pariente mexicano, y esa pista no ha podido verificarse.

Stanford, 1999, p. 176; búsqueda infructuosa documentada en Palacios, 2024, p. 65.
Razón III

Porque el registro sí sobrevive

Las tragedias ya no se cantan: existen solo en grabaciones de campo y en cancioneros. Eso es una pérdida real, pero también la prueba de que documentar funciona. Una tradición que deja de vivirse no es lo mismo que una tradición que desaparece por completo, siempre que alguien haya guardado la voz.

Corpus de tragedias y corridos en Romero, 2015, anexos; grabaciones inéditas de los años setenta citadas ahí mismo.
Razón IV

Porque los cantores lo pidieron

No fue un investigador quien empezó: fue don Juan Sánchez Ponce, que por iniciativa propia inscribió a sus compañeros en el PACMYC en 1995 para poder grabar su repertorio. Ese casete no proviene de un registro externo, sino de la inquietud de los propios cantores. La preservación del cardenche empezó dentro de Sapioríz.

Palacios, 2007, cit. en Romero García, 2015, pp. 206–207.
14 · Parientes lejanos

No está solo en el mundo

El cardenche comparte rasgos con polifonías de tradición oral del Mediterráneo y de los Pirineos: voces alargadas, tempo regulado por los cantores, contrapunto aprendido de oído. La comparación no prueba parentesco directo, pero sí que el cardenche pertenece a una familia grande de maneras humanas de cantar juntos.

Cerdeña

Castelsardo y el canto a concordu

Polifonías de cofradía a cuatro voces con nombres propios —bassu, boghe, contra, falsittu— armonizadas al improviso, «cantadas sobre el libro». Uno de sus principios es el uso de valores largos, «voces alargadas», con un ritmo regulado por los cantores que no se deja reducir a una unidad metronómica constante.

Lortat-Jacob, 1996, pp. 146 y 249; Macchiarella, 2003, p. 150; Morelli, 2014, p. 385. En Palacios, 2024, §§ 4.1.1–4.1.2.
Córcega

Cantu in paghjella

Tres registros que siempre entran en el mismo orden: sigonda (inicia y lleva la melodía), basu (la sostiene) y terza (la más aguda, la de los melismas). Inscrita por la UNESCO en 2009 en la lista de salvaguardia urgente: la emigración de los jóvenes ha reducido drásticamente su transmisión intergeneracional.

Guelfucci-Glinatsis, UNESCO, 2009; Castéret, 2004, p. 39. En Palacios, 2024, § 4.1.5.
Europa, siglos XV–XVII

El falsobordone

La hipótesis central de la investigación más reciente: que en el cardenche perviven reglas del contrapunto improvisado europeo. Coinciden hasta los nombres de las voces —el tenor también se llamaba fundamental, y la contralta es el contra altus— y ciertos procedimientos, como el uso de cuartas en alternancia con terceras para hacer sonar las notas fundamentales de la armonía.

Trumble, 2000, p. 604; Palacios Prado, 2024, título y caps. 3–4.

«A menos que se tomen medidas, la paghjella dejará de existir en su forma actual, sobreviviendo solo como un producto turístico desprovisto de los vínculos comunitarios que le dan su verdadero significado.»

UNESCO, texto de inscripción del cantu in paghjella, 2009 · traducción citada en Palacios Prado, 2024, § 4.1.5, como advertencia aplicable al cardenche
15 · Fuentes

De dónde sale todo lo anterior

Esta página se construyó cotejando siete tesis universitarias sobre el canto cardenche y su región, escritas entre 2002 y 2024 desde la etnomusicología, la antropología social y los estudios latinoamericanos. Ninguna afirmación de origen o de datación se apoya en una sola de ellas.

  1. 01
    Lozano Chavarría, Héctor (2002). Polifonía de la región lagunera: polifonía religiosa y el canto cardenche. Tesis de licenciatura en Etnomusicología. Escuela Nacional de Música, UNAM. Directores: José Antonio Guzmán Bravo y Gonzalo Camacho Díaz. Primera tesis sobre el tema. Compara la polifonía religiosa con el cancionero español de los siglos XVI–XVII. Trabajo de campo en Sapioríz, La Loma y La Flor de Jimulco (1986, 1992, 1997).
  2. 02
    Del Moral González, Paulina (2006). Peregrinación y culto al Señor de Mapimí. Ritualidad y religión en el Cañón de Jimulco. Tesis de maestría en Antropología Social. ENAH-Unidad Chihuahua / CIESAS. Directora: Neyra Patricia Alvarado Solís. Aporta el contexto ritual y religioso del Cañón de Jimulco, la alabanza acardenchada y testimonios de antiguos ejidatarios sobre cómo se cantaba.
  3. 03
    Palacios Prado, Montserrat (2007). De lo dicho: el silencio o la certeza y el desliz. La canción cardenche de Sapioríz, Durango. Voz, espacio-tiempo y silencio. Tesis de licenciatura en Etnomusicología. Escuela Nacional de Música, UNAM. Asesor: Rolando A. Pérez Fernández. Trabajo de campo de 1998 y 2000, con grabación multipista que permitió aislar cada voz. Análisis del silencio como organizador temporal y primera tipología de emisiones vocales.
  4. 04
    Rojas Ruiz, Minerva (2008). El canto cardenche: sus modos culturales de producción. Tesis de licenciatura en Estudios Latinoamericanos. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Asesor: Miguel Ángel Esquivel Bustamante. Lee el canto desde la historia económica de La Laguna. Contiene la entrevista colectiva a don Fidel Elizalde, don Antonio Valles y don Guadalupe Salazar (2006) y a los promotores de Culturas Populares.
  5. 05
    Romero García, Nadia Cristina (2009). Cenzontles del Nazas. La canción cardenche en el ejido de Sapioríz, Durango: un depósito de la memoria colectiva, 1940–1960. Tesis de maestría en Antropología. FFyL / IIA, UNAM. Tutor: Hernán Javier Salas Quintanal. Etnografía extensa de Sapioríz, con 27 entrevistas de 2007–2008 y una clasificación temática de las 80 cardenchas del cancionero.
  6. 06
    Romero García, Nadia Cristina (2015). «El canto cardenche»: identidad y representaciones sociales en una cultura musical del norcentro de México. Tesis de doctorado en Antropología. FFyL / IIA, UNAM. Tutor: Hernán Javier Salas Quintanal. El corpus más completo publicado: 194 registros reducidos a las piezas del repertorio, con análisis literario y musical pieza por pieza. Contiene además la historia crítica de cómo se construyó el discurso institucional sobre el género.
  7. 07
    Palacios Prado, Montserrat (2024). Polifonía expandida. El canto cardenche de Sapioríz, Durango. Voz, espacio-temporalidad, silencio y contrapunto improvisado como falsobordone transhistórico y transcultural. Tesis doctoral en Musicología. Universidad de Valladolid. Directores: Soterraña Aguirre Rincón y Enrique Cámara de Landa. La investigación más extensa hasta la fecha. Añade veinticinco años de seguimiento (entrevistas de 2012 a 2023), transcripciones musicales y temporalizadas, y la comparación sistemática con polifonías de tradición oral de Europa.

Fuentes primarias citadas por las tesis

Grabaciones

Vázquez Valle, Irene (coord.), Tradiciones musicales de La Laguna. La canción cardenche, colección INAH n.º 22, disco MC-1071, 1978 (reeditado en 2002). Notas musicológicas de Roberto Portillo.

La canción cardenche, casete, Unidad Regional La Laguna / DGCP / PACMYC, Torreón, 1995, promovido por los propios cardencheros.

Grabaciones de campo de Héctor Lozano (1986, 1992, 1997), de Montserrat Palacios (1998 y 2000, en DAT y multipista) y de Nadia Romero (2007–2008).

Cancioneros y libros

Mendoza, Vicente T. (introd.), La canción cardenche. Tradición musical de La Laguna. Canciones de amor y de desprecio y corridos acardenchados, Dirección de Culturas Populares, Torreón, 1991. Recopilación de 76 canciones hecha por Alfonso Flores, Luis Alberto Ramírez Valerio, Agustín Luévano y Sixto Castillo.

Urdaibay, José Luis, Cardenchero. Las voces requemadas, Fondo Editorial Coahuilense, Saltillo, 1994. Premio «Testimonio Chihuahua '94».

Flores Domene, Alfonso (coord.), Las pastorelas, tradición escénica de La Laguna, DGCP / CONACULTA, 1992.

Stanford, Thomas, «Canto cardenche», en Diccionario de la música española e hispanoamericana, t. 3, SGAE, 1999, p. 176.

Las citas de los cardencheros que aparecen en esta página fueron recogidas en entrevistas de campo entre 1986 y 2023 y están publicadas en las tesis referidas. Se conserva el habla de los informantes tal como fue transcrita por sus entrevistadores. Las letras de canciones pertenecen al repertorio tradicional de dominio público de La Laguna y se reproducen según las versiones documentadas en los cancioneros y tesis citados en cada caso.